¿Te has preguntado alguna vez si el precio de una operación debería depender de tu código postal? Seguramente no, porque damos por sentado que nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS) es, precisamente, nacional y equitativo. Pero un estudio reciente publicado en la revista Gaceta Sanitaria de 2025 destapa una realidad mucho más incómoda: existen enormes y desconcertantes diferencias en lo que cuesta la sanidad entre las distintas Comunidades Autónomas (CCAA).
Estos precios no los pagamos directamente de nuestro bolsillo, sino que se aplican cuando hay que facturar a terceros como mutuas, aseguradoras o ciudadanos extranjeros. Sin embargo, su análisis es una ventana directa a los costes reales de producción de nuestra sanidad y lo que revela es preocupante: un sistema fragmentado con profundas desigualdades que amenazan su cohesión. Esta opacidad en los costes no es un mero tecnicismo; es una barrera que impide saber si los recursos se distribuyen de forma justa y eficiente, poniendo en riesgo el principio de igualdad que define a nuestro SNS.
El Primer Hallazgo Impactante: La Lotería del Código Postal es real y puede costar un 900% Más
La conclusión más llamativa y escandalosa del estudio es la disparidad de precios. No hablamos de pequeñas diferencias, sino de abismos. El dato más extremo que arroja el informe es que el precio fijado para una estancia hospitalaria puede ser casi 10 veces mayor en una comunidad que en otra. Diez veces. Por el mismo concepto.
Pero los ejemplos no acaban ahí. Analicemos dos casos concretos que demuestran la magnitud del problema:
Consultas externas: Mientras que Aragón factura una consulta a 30 €, el precio en otras comunidades se dispara, moviéndose en un rango que va desde los 106 € hasta los 262 €.
Urgencias sin ingreso: De nuevo, Aragón establece un precio de 40 €, una cifra que parece simbólica si la comparamos con el resto de regiones, donde la misma atención puede llegar a costar hasta 383 €.
¿Reflejan estos precios un coste real increíblemente bajo o son, en la práctica, cifras simbólicas que demuestran una renuncia a calcular el valor real del servicio?
Segundo Hallazgo: A menudo, ni siquiera estamos comparando lo mismo
El problema va más allá de una simple diferencia de precios. El estudio demuestra una "importante heterogeneidad en la definición de las prestaciones". ¿Qué significa esto en un lenguaje claro? Que cada servicio regional de salud define y desglosa los servicios de la cartera común (consultas, cirugías, pruebas, etc.) como quiere.
No hay un catálogo unificado, ni criterios comunes para definir qué incluye exactamente una "consulta" o una "urgencia". Esta falta de un estándar común hace que las comparaciones sean increíblemente difíciles y, sobre todo, opacas. Es como intentar comparar el precio de dos coches sin saber qué motor o equipamiento lleva cada uno.
Tercer Halladgo: Algunas Comunidades fijan sus precios con tarifas de hace más de una Década
Si la falta de criterios comunes no fuera suficiente, el estudio revela "considerables retrasos" en la actualización de las tarifas. Es decir, algunos gobiernos autonómicos están utilizando precios completamente desfasados para calcular sus costes.
El informe nombra específicamente a tres comunidades autónomas que emplean tarifas con una antigüedad igual o superior a una década: Castilla-La Mancha, Castilla y León y Galicia. Esto significa que sus precios públicos no pueden reflejar, de ninguna manera, los costes reales de la sanidad en la actualidad, con la inflación y los avances tecnológicos que hemos vivido en los últimos diez años. Este desfase es aún más grave si consideramos la falta de estándares: no solo usan precios de hace una década, sino que lo que miden con esos precios ni siquiera es comparable a lo que miden sus vecinos.
El Caso de la Región de Murcia: El Desorden Generalizado en una sola Autonomía
La Región de Murcia es un ejemplo perfecto del caos generalizado. Su posición en el ranking de costes varía enormemente según el procedimiento que se analice, demostrando una falta total de coherencia interna.
Veamos algunos ejemplos extraídos del estudio:
Para una colecistectomía ambulatoria, su precio de 1.982 € la sitúa en la parte media-alta de la tabla.
Sin embargo, para una prueba CPRE (un tipo de endoscopia), su precio de 450 € es uno de los más bajos de todo el país.
Y para una primera consulta de atención primaria, sus 92 € la colocan como una de las más caras.
Esta incoherencia de precios no es una casualidad; es el reflejo directo de un sistema que carece de una metodología contable común y que permite que cada servicio de salud actúe como una isla, como demuestra su uso de un sistema de codificación obsoleto. El hallazgo más revelador sobre Murcia es que, en muchos procedimientos hospitalarios complejos, ni siquiera se la puede comparar con el resto. ¿La razón? El informe señala que "establece la codificación según la versión anterior CIE-9", un sistema de clasificación de enfermedades que el resto del país y gran parte del mundo desarrollado ya han reemplazado por su sucesor, el CIE-10.
¿Cuál es el Origen de este caos? Un sistema descentralizado sin Reglas Comunes
El estudio identifica claramente las causas de esta disparidad, y todas apuntan a un fallo estructural en el diseño de nuestro SNS:
No existe una metodología de contabilidad analítica homogénea. Cada comunidad calcula sus costes como considera oportuno.
Cada región utiliza criterios diferentes para imputar los costes directos (personal, material) e indirectos (administración, infraestructuras).
La propia burocracia dificulta la agilidad. El estudio señala que no hay un método único para publicar los precios; algunas CCAA usan decretos difíciles de modificar, mientras que otras usan órdenes más ágiles, añadiendo otra capa de desorganización al sistema.
El proceso de descentralización sanitaria fue "poco ordenado", dejando a cada comunidad a su suerte para definir y fijar precios sin una guía común.
Existe una iniciativa para intentar poner orden, la Red Española de Costes Hospitalarios (RECH), pero es a todas luces insuficiente: hoy en día, de los cientos de hospitales del SNS, solo 37 participan activamente, representando únicamente a 9 de las 17 Comunidades Autónomas.
Conclusión: Más Transparencia y Cohesión para salvar nuestro Sistema Nacional de Salud
El problema de fondo es grave: la falta de una metodología común y la heterogeneidad en la definición de los servicios generan una opacidad total. Esta niebla no sólo impide analizar las desigualdades; las perpetúa. Sin datos fiables y comparables, es imposible saber si una comunidad está infrafinanciada, si otra gestiona sus recursos de manera ineficiente o si los ciudadanos de diferentes territorios tienen acceso a una sanidad con los mismos estándares de calidad. Se hace imposible aprender unos de otros en la gestión sanitaria, se dificulta la mejora y se apoya a las voces que estiman que el gasto sanitario está desbordado.
Los propios autores del estudio proponen una solución clara y directa, que debería ser una orden para nuestros responsables políticos:
Sería conveniente que el Consejo Interterritorial actuase como órgano de cohesión para garantizar la actualización periódica de las tarifas [...] y favorecer la coordinación de los servicios regionales de salud en la especificación de las prestaciones incluidas en la cartera común, para garantizar una igualdad efectiva a lo largo del territorio.
La sanidad es el pilar de nuestro estado del bienestar. Protegerla exige rigor, transparencia y cohesión. Por eso, tras leer este informe, la pregunta es inevitable: ¿podemos realmente hablar de un Sistema Nacional y equitativo cuando las reglas del juego son tan distintas y opacas en cada territorio?
Elaborado a partir del informe mencionado y con ayuda de IA
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